Cada cosa hermosa que él hace es un palazo en mí. Me recuerda de lo que no puedo hacer, lo que no me sale por mucho que intente. Me siento un complemento de maldad, de persona incompleta, de esas que hacen retrasar al grupo. Él es un acto puro de amor y yo ni siquiera soy un acto.
Quiero ser liviana, quiero escurrirme por el aire sin que nada me toque. No quiero seguir chochandome con las cosas del suelo.