lunes, 4 de julio de 2011

Campos de inconsciencia

No tengo ningún recuerdo de haber tenido tal temor de cerrar los ojos hasta anoche. Me embebió un sentimiento muy fuerte de miedo y de soledad al tener enfrentar eso que podía llegar a encontrar al apagar la luz de mi conciencia. Una sensación que desesperaba a mi parte racional y excitaba a mi otra parte (no puedo llamarlo aún parte espiritual). Tuve que llorar para liberarme de esa tensión, tuve que temblar, tuve que agarrar fuerte la mano de Manuel y pedirle que me abrazara. Realmente tenía miedo. Pero a la vez sabía que ese miedo era necesario y que, una vez superado, traería cosas positivas, aquello que anhelo, aquello que todavía no sé que es.
Ahora queda responder al interrogante que plantea mi yo racional: ¿es verdad todo esto que estoy experimentando o es otra jugarreta de mi mente sugestionada por un libro? Porque la realidad es que en todo momento tuve presente lo que había leído, el miedo al abrir esa puerta. ¿Está realmente la puerta frente a mí? Creo que la cerveza podría ser la respuesta.
Supongo que la clave será mantener la calma y ponerme en una posición receptiva a las señales y símbolos que quieran venir a mí. Ciertamente, desde hace un tiempo, siento que estoy yendo por un camino de respuesta a una especie de "llamado" y quizás todo lo que deba hacer sea dejarme "arrastrar" por lo que sea que me está llamando. El tiempo dirá. No puedo mentir, de verdad tengo miedo. Pero no puedo dejar que eso me ate, porque deseo con todo mi corazón que mis ojos estén tan abiertos que ya hayan dejado de existir.